jueves, 25 de marzo de 2010

El Panóptico: novelón interminable

El día 13 de marzo en las páginas de éste diario nos contaron de las anomalías en las estructuras del panóptico, otro capítulo del novelón interminable en que se ha convertido la historia de esa obra. Un sainete absurdo que entre humor y lágrimas ha pasado de sueño a pesadilla para los ibaguereños.

El Panóptico es una papa caliente, un elefante blanco, otra avenida fantasma, en fin, es algo indescifrable al que nos indican que le van a agregar varias centenas de millones más que se sumarán a los 1600 que tienen guardados y que sabemos que no alcanzarán para terminarlo.

En dicho artículo nos cuentan de daños producidos por la maleza y el óxido así como la mala calidad de la madera. Nos dicen también que, no se cumplieron con las expectativas contractuales ni las del diseño propuesto. Pero hay muchas cosas más que el artículo no dice y que no sé si estén contenidas en el informe, pero que no se necesita ser científico de la Nasa para darse cuenta.

La obra se construyó de espaldas a la calle diez, una calle de singular importancia y con inmuebles de conservación histórica, logrando que, cuando finalmente podamos sortear el obstáculo de ese muro infame, nos encontremos con una vista interrumpida por muchos estorbos y sucios espejos de agua que nos lleva al Panóptico y otra, de camino despejado y libre que nos muestra los barrios marginales auto-construidos sobre los predios invadidos atrás del Panóptico. Absurdos que van a ser importantes para mostrar turísticamente nuestra ciudad como lo que realmente ha sido siempre: un lugar a espaldas del país y de la historia, una cárcel que los hampones con ayuda de gobiernos anteriores han vuelto un paraíso en ruinas y un lugar pobre donde a nuestros dirigentes nunca les han importado las viviendas de la gente.

Pero hay más…

Al interior del edificio no hay suficientes instalaciones eléctricas lo que obligará a gastarse una platica larga rompiendo muros y abriendo huecos para poderla empotrar. Y como si eso fuera poco no fue acondicionado antisísmicamente. Creo que todos recordamos lo que los terremotos hicieron en Haití a los edificios viejos como para tener que explicar éste punto fundamental. No me quiero ni imaginar un terremoto con ese edificio lleno de niños.

Pero lo que no saben ni los del informe es que le van meter adentro. Hablan de la autosostenibilidad cuando no hay una sola idea seria sobre su función futura. Se han gastado una millonada y se piensan gastar otra antes de tener una idea concreta sobre el contenido del edificio. Cuando la tengan, si es que algún día la tienen, van a tener que gastarse otro pedazote del presupuesto deshaciendo obras, metiendo cableado, cambiando de sitio muros o construyendo cosas para que se adapte al programa definitivo.

Así que invoco al menos común de los sentidos para que antes que se gasten un peso más, antes que pongan otro ladrillo, decidan para que va a servir el edificio y puedan de esa manera terminar ese engendro por dónde debió comenzar: por su definición de contenidos.

El Nuevo Día.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Apuntes electorales

Las conclusiones primarias de las elecciones del domingo son que triunfaron las maquinarias y los dos partidos cercanos al gobierno, que los electores no castigaron la parapolítica, que el Polo y Fajardo perdieron, que no se eligieron casi mujeres y que el sistema con registrador incluido es un fracaso.

Por supuesto que triunfaron las maquinarias pues son para eso. Triunfaron los partidos de gobierno porque si la gente como hemos visto cambia su voto por un mercadito o por escasos veinte mil pesitos, como lo vio hasta la OEA que nunca ve nada, es de esperarse que lo cambie por una vivienda de interés social o por un apoyo como madre cabeza de familia o por un cupo de colegio. Sumado claro al esfuerzo permanente de varios medios de comunicación y a los años que lleva el presidente ofreciendo plata y regañando políticos en los concejos comunales.

Lo de la parapolítica está claro que no afecta la votación, ni afectó en el PIN, ni en los parientes elegidos de presos del partido liberal y del partido de la U.

Contrario a lo que parece al Polo le fue muy bien, entendiendo que ha estado dividido, desordenado y que ha sido atacado y difamado permanentemente por el gobierno y sus partidarios. La sacó barata. Lo de Robledo es la demostración clara que él debía haber sido sobradamente el candidato presidencial aunque Gaviria nunca lo entendió así.

Tremendo lo de Fajardo que no aceptó alianzas pues su ego no le permitió sino adhesiones, no aceptó someterse a la consulta del partido verde ni ha hecho ningún programa político pues cree que todo lo va a ganar en imagen y ahí están los resultados: del ego no queda sino el fracaso.

Habiendo más mujeres que hombres en Colombia, cómo es posible que todavía se elijan de manera tan desproporcionada tan pocas mujeres al congreso. ¿Acaso los hombres sabemos tanto de las necesidades de las mujeres como para que las representemos siempre? ¿No será que no les estamos dando ni siquiera iguales accesos a la educación y todavía las subvaloramos?

Las demoras de la registraduría son imperdonables con las técnicas actuales. Pero lo que es más evidente es que han aumentado los que no quieren votar y, como se esperaba, casi millón y medio de personas se equivocaron con el tarjetón. Los errores del tarjetón equivalen a 16 senadores, y en el Tolima al menos a 2 representantes haciéndose cada vez más urgente la tecnificación del mismo y una reforma completa a ese enredado sistema electoral. Se hace necesario además que comencemos a pensar en el voto obligatorio para que entren a participar los millones de colombianos que nunca votan. El país merece saber que piensan ellos.

A todos los congresistas tolimenses elegidos, Robledo, Laserna, Santos, Yepes, Osorio, Cárdenas, Bocanegra, Martínez y Rodríguez mis felicitaciones. Cuando a partir de julio comiencen a ganar cuarenta veces el salario mínimo, esperamos que no se les olvide que sus compromisos no solamente son con sus patrocinadores sino con quienes votaron por ustedes. Que los intereses de su región y de su país ojalá primen siempre por encima de sus intereses personales ya que el relevo tolimense al congreso se debió en parte a que precisamente algunos de sus antecesores muchas veces no pensaron sino en ellos mismos.

El nuevo Día, miércoles 17 de marzo 2010

jueves, 11 de marzo de 2010

Cámara de gas

A pocos días de que elijamos a nuestros representantes a la Cámara por el próximo cuatrienio es muy poco lo que realmente conocemos de los cincuenta y cuatro candidatos tolimenses repartidos en nueve grupitos de a seis. Con excepción de unas pocas figuras sólidas o semi sólidas, algunas más conocidas por sus escándalos que por sus virtudes, el resto de los candidatos son una masa gaseosa difícil de definir, una suma de nombres que hasta hace pocos días eran desconocidos y que volverán a serlo al otro día de las elecciones.

Mientras que algunos candidatos tienen tapizadas las vías del departamento con sus vallas y las de su partido, con pautas permanentes en prensa y radio, con afiches en las paredes y grafitis en las rocas, a otros nos toca buscarlos en la registraduría para conocerles sus nombres aunque jamás les veremos sus caras ya que el cada vez más complicado mecanismo de elecciones llamado tarjetón ahora ni foto tiene.

Fuera de lo despedidor que es el sistema electoral para todos, las inseguridades que genera y los errores que promete, vamos a elegir nuestro futuro dentro de una lista de seres invisibles como un chance millonario donde marcamos por un lado la lotería y por otro el número ganador. El tarjetón es casi una tabla periódica llena de símbolos y de números donde nos toca marcar algo así como - grupo siete, elemento número 118- para darnos cuenta después, que votamos por un gas noble ( al menos no me salió un gas corrupto) de nombre Ununoctio de características desconocidas.

Por curiosidad, cultura general y por supuesto para poder escribir éstas líneas me tomé el trabajo de imprimir la lista de la Registraduría y de buscar a nuestros 54 candidatos en internet, pero muchos de ellos, como un conflicto kafkiano, solamente aparecen en dicha página de la Registraduría y en la noticia del día de su inscripción. De los que hay alguna noticia diferente son en su mayoría de aquellos que habiendo ejercido un cargo público son coleccionistas de procesos penales y disciplinarios por uso indebido de fondos públicos, parapolítica y demás. Desafortunadamente sólo unos pocos entre los que están Carlos Edward Osorio del partido de la U, Rosmery Martínez de Cambio Radical, Martha Lucia Perdomo del partido verde o Teofila Roa de Mira por citar algunos, han ejercido cargos públicos sin terminar empapelados, han podido estar cerca de las llamas sin quemarse.

De los nueve partidos inscritos, siete de las cuales tienen voto preferente y dos por listas, solamente Mira y el partido de la U tienen una plataforma digital lo suficientemente ágil para informar algo sobre sus candidatos aunque en algunos de los de la U de diferentes departamentos no sale ni la foto. En las páginas web de los otros partidos aparece únicamente la lista escueta de nombres y en la del Polo ni siquiera pude encontrar la lista de los candidatos tolimenses.

Pese a lo gaseosos, invisibles e indefinibles que son la mayoría de los candidatos y de la inequidad democrática que representa el inmenso flujo de dinero de unos contra la precariedad económica de los otros, está muy claro que tenemos mucho de dónde elegir; desde tránsfugas multicolores que estrenan partido como los del PIN o Pedro Pablo Trujillo o Pompilio Avendaño, al que debemos preguntarle de que partido amaneció hoy, hasta las listas de mujeres o candidatas indígenas. Estudiantes, amas de casa, activistas sociales y profesionales de todas las ramas quieren nuestros votos junto a abyectos hampones que más bien merecerían ser candidatos a la cámara de gas.

El Nuevo Día, miércoles 10 de marzo 2010

sábado, 6 de marzo de 2010

Young-eun museum of contemporary art, Gwaung- Ju city, South Korea

17 Latin american artist of 7 countries at Young-eun museum of contemporary art. Gwaung-ju city, South Korea.

Exposición de Arte latinoamericano en el Museo Young-eun de Arte Contemporáneo en Gwaung-ju Corea con obras de 17 artistas de 7 países. Con la participación de los colombianos Fernando Botero, Hugo Zapata y Darío Ortiz.


In 2010, February, as a new sensation of art market comes, this exhibition is organised with great passion of Latin America's contemporary arts which can not be seen as usual. More than 100 pieces of art works by around 19 artist from Latin America such as Venezuela, Cuba, Panama, Ecuador, Uruguay, Colombia, Paraguay will be exhibited and represent Latin culture, history and passion which are melt in their work. With all those, this exhibition celebrates Gwang-Ju city's new start.

Until today, Latin American art has been underestimated by European critics. Also, the 20th century Latin American art has been recognized as an art trend derived from Modernism of Western Europe or has imitated the Modernism.


Since Spain conquered Mexico in the early 1500s, European thought that Latin America culture and people was heterogeneous and this idea leads them to think that Latin culture is not their own creation. Nevertheless, these days European accept that this multicultural feature is the one of the characters of Latin Art and start believing that Latin art has strong messages of vitality, creativity, passion and so on.

With all those ideas, this exhibition will touch the soul of Gwang-Ju citizen by introducing them to Latin America art works, which are very bright and show new senses of ideas and creative shapes.

Exhibition sponsored by

The Korean Museum Association, Gyeonggi Museum Association, Latin America & the Caribbean Association, Embassy of the Oriental Republic of Uruguay, Embassy of Venezuela, Gwang-Ju Branch of The Federation of Artistic & Cultural Organizations of Korea, Gwang-Ju Branch of Korean Fine Arts Association and Eastern Gyeonggi Broadcasting






jueves, 4 de marzo de 2010

Se acabó la farsa

En medio de alarmantes cifras de corrupción cada vez más altas y de una clara cultura mafiosa que cree que el dinero, el poder y las armas pueden comprar conciencias, vidas y leyes, me alegra el fallo de la Corte Constitucional que muestra que en este país de extremistas y dementes afortunadamente existen todavía académicos serios y algunos jueces para los que la ley no es un problema de amañados sondeos de opinión, ni sus conceptos son objeto de subastas, de lealtades a jefes políticos, ni de prebendas.

Pese al fallo de la corte no tengo la esperanza de que el país despierte para darse cuenta que no podemos seguir dejando que el presupuesto de la nación se gaste únicamente en enriquecer a los más ricos y en matar gente, pero la alternancia en el ejercicio del poder hace más sana cualquier democracia y si el país de todas maneras quiere seguir en la extrema derecha hay un ramillete de candidatos que están esperando ser elegidos.

Ahora los jueces deberán revisar el accionar de políticos, congresistas y altos funcionarios del estado quienes violaron flagrantemente la ley para imponernos de nuevo a Uribe, y a quienes con perfecto uso de razón volaron hasta 30 veces los topes de los aportes individuales para la financiación del referendo contra todo fundamento de una democracia participativa, porque de ese rebaño de honestos hacen parte banqueros, conocidas personas públicas, contratistas del estado y hasta una importante cadena de radio y televisión nacional.

Ante tanta alegría por la seguridad legal que ha dado la corte, la única tristeza que tengo es que el Referendo no haya sido derrotado en las urnas porque con el desempleo en aumento mientras los bancos ganan cada vez más, con el índice de pobreza y de indigencia modificado a machete por el gobierno y aun así creciendo día a día; con un paramilitarismo cada vez más vivo y una delincuencia organizada haciendo lo suyo; con el dinero del estado repartido inescrupulosamente a los partidarios del gobierno como el Agro ingreso seguro; con las concesiones mineras entregadas contra todo concepto ecológico y contra toda norma; con los negocios de los hijos del presidente en la sabana de Bogotá y los muchos carimaguas de éste gobierno; con los centenares de falsos positivos durante el mandato Uribe sin resolver y con tanto militar de su confianza implicado en masacres; y con los barbaros decretos de la emergencia social condenan a muerte a los enfermos sin plata, estoy seguro que el Referendo, y Uribe con él, perdían las elecciones.

De todas maneras para los que basados en el clientelismo del gobierno apoyaban las muertes selectivas, los falsos positivos y la gigantesca corrupción del estado anteponiendo la palabra seguridad a la palabra democracia, con el fallo de la Corte Constitucional simplemente se les acabó la farsa.

Darío Ortiz

El Nuvo Día, miércoles 3 de marzo 2010

martes, 2 de marzo de 2010

Los archienemigos

En algún lugar de América quedan dos territorios llamados Metrópolis y Ciudad Gótica escogidos para vivir por dos Súper hombres, llenos de súper poderes a quienes llamamos súper héroes. Uno de ellos tuvo formación de comando en su oscuro pasado y hasta estuvo preso, el otro cayó a una finca donde se crió manejando tractor y montando a caballo sin olvidar jamás que vino de un planeta donde los civiles son guardianes de la ley.

Por supuesto estoy hablando de Batman y Superman quienes con sus propias manos son capaces de pegarle en la cara a todo aquel que desafíe sus súper poderes.

Ambos son súper ricos porque mientras Superman tiene una mina de diamantes en el ártico y además saca oro o petróleo del subsuelo cuando quiere, Batman es dueño de una multinacional que entre otras cosas vende armas para los ejércitos del mundo y maneja acciones en miles de empresas y negocios de finca raíz. Sin embargo ninguno de los dos utiliza su dinero en beneficio de los más necesitados cuyo drama social es el origen de la mayoría de los problemas de Metrópolis y Ciudad Gótica. Los problemas cuando son visibles prefieren resolverlos a puños y a patadas.

Desde la llegada de los dos Súper hombres a sus respectivas ciudades los anónimos mafiositos de barrio, los ladrones de tienda y los asaltantes de transportes bancarios quedaron relegados frente a enemigos de valía pues todo súper héroe necesita súper enemigos a quienes llaman afectuosamente los archienemigos.

Las otrora aburridas tardes de Metrópolis y Ciudad Gótica ahora esperan invasiones extranjeras o extra terrestres, las bandas delincuenciales ahora las dirigen los archienemigos, como alias “El Pingüino”, “El Guasón” o el propio Lex Luthor, el antiguo íntimo amigo de Superman cuando era campesino. Archienemigos con los cuales los Súper no tienen problema en aliarse para derrotar a enemigos superiores.

De vez en cuando éste par de fenómenos se reúnen con otros súper héroes de otras regiones del mundo en el Salón de la Justicia donde demuestran que son amiguísimos y que trabajan unidos contra otros archienemigos o si su popularidad no está muy buena pelean entre ellos en reuniones privadas que luego todo el mundo conoce para vender más comics. Pues el objetivo último de sus creadores es el Rating de sintonía que los mantiene en el mercado y que los hace reelegir como los más súper de los súper.

Es pura coincidencia si el lector cree que hablo de Uribe y Chávez quienes para ser reelegidos y no perder sus Súper Poderes, después de decir el uno que ya ha derrotado a sus archienemigos Farc y Mancusso, y a Bush y a la pobreza el otro, tal vez no les queda más que convertir en archienemigo a su vecino y aliado comercial.

Aunque todos sabemos que la vida en Ciudad Gótica y en Metrópolis sería mucho más agradable y más segura sin la presencia de estos dos súper héroes y de algunos de sus archienemigos.

El Nuevo Día, febrero 24 de 2010

Quién manda aquí

La jerarquía es la base de la mayoría de las organizaciones humanas. Desde la administración de un edificio hasta la Iglesia católica, pasando por el gobierno de los estados, las empresas privadas y por supuesto las fuerzas de seguridad en todo el mundo, basan su eficacia en el accionar de su estructura jerárquica.

Lo primero que aprende un trabajador de una compañía, un empleado de una alcaldía o de una gobernación, o un soldado raso cualquiera es a obedecer; a cumplir órdenes por absurdas que sean. El discernimiento viene después. Como reza un viejo dicho popular “las ordenes se cumplen o la milicia se acaba”.

Por supuesto muchos empleados se hacen tan participes de sus obligaciones que terminan ejerciendo un poder tiránico sobre sus deberes. Los celadores se creen propietarios de los edificios, los mayordomos de fincas son mayordueños y los policías de barrio se sienten la corte suprema. Sea como fuere, desde la secretaria del gerente, el cajero del banco, el cobrador de impuestos, el oficial del ejército o el celador y el mayordomo de la finca hacen lo que les ordenan sus superiores y trabajan dentro de sus funciones, o se van.

Como las órdenes son verticales dentro de toda jerarquía las responsabilidades también lo son. Nadie se imagina que un gerente de banco cualquiera viaje a abrir una sucursal a Japón sin que lo sepan sus superiores, ni que un batallón norteamericano invada Singapur sin que lo sepa el presidente de los Estados Unidos.

La muerte de Reyes en Ecuador, la captura de Granda en Venezuela o la extradición de algún jefe paramilitar son órdenes cumplidas por una clara cadena de mando que nadie pone en duda. Sin embargo ciertos hechos oscuros de nuestra sociedad aparecen como ruedas sueltas. Complejos operativos que involucran muchas personas y mucho dinero de pronto quieren que pensemos que son iniciativas privadas, como si el gerente de Banco quisiera únicamente aprender japonés o el comandante militar tomarse un café en Singapur.

La historia reciente de nuestro país está llena de actos delictivos en los que han participado fuerzas de seguridad del estado, ejército, policía o DAS, que siempre se quedan como ruedas sueltas dentro de las cadenas de mando y las responsabilidades penales y políticas de sus superiores. Hombres férreamente entrenados para que cumplan órdenes de pronto utilizan recursos del estado por iniciativa propia para hacer complejos actos delincuenciales que en la mayoría de los casos benefician a sus superiores. La larga lista de éstos hechos incluye homicidios de importantes personas públicas o de seres anónimos, consecución ilegal de pruebas o desaparición conveniente de las mismas, labores de intimidación y asocio con paramilitares. Desde la elaboración de la lista de personas que el DAS, organismo que depende directamente del presidente de la república, debía grabar ilegalmente, a la masacre en Apartadó del 2005, que involucra al laureado general retirado Mario Montoya, pasando por los crímenes de Álvaro Gómez, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo o Carlos Pizarro en el que ahora están cada vez más involucrados los ex directores del DAS, debíamos preguntarnos quién los ordenó realmente, preguntarnos quién ha mandado aquí. Pues no es lo mismo el crimen de un joven cualquiera dizque para conseguir un ascenso, al asesinato selectivo de un competidor político, un activista sindical o un testigo contra un superior.

Demasiadas víctimas le han costado al país esos crímenes de estado y muchos miles de millones de pesos al erario público los procesos que el gobierno ha perdido sobre esos temas.

Si los militares de los falsos positivos y las masacres, o los agentes y directores del DAS de los asesinatos de políticos y las chuzadas, parecen actuar como los mayordueños del país, debíamos preguntarnos quién manda aquí hoy; pues si bien en el pasado podríamos argumentar que alguno de nuestros presidentes era un ser anodino sin carácter, no podemos decir lo mismo de Álvaro Uribe, cuyo carácter férreo, su voluntad de mando y su experiencia de hacendado no permitiría jamás que sus tierras tuvieran ningún mayordueño.

El Nuevo Día, 17 de febrero 2010

Bicentenario

“En la ciudad de Santafé, a veinte de julio de mil ochocientos diez, y hora de las seis de la tarde…” son las palabras iniciales del acta del cabildo extraordinario que cumple doscientos años y que aunque en aquella acta se reconoce que el pueblo abdica sus derechos ante la figura “augusta” de Fernando VII, nos permite hablar hoy de bicentenario de la independencia.

Bicentenario que se ha comenzado a celebrar el año pasado salvando el hecho que algunos autores nacionales e internacionales consideran que la primera proclamación real de independencia de España y de su monarca fue la proclamada por Cartagena el 11 de noviembre de 1811 y no el cabildo de Santafe, como de Méjico fue el acta de Morelos en 1813 y no las batallas del cura Hidalgo en 1810 gritando vivas a Fernando VII; o como de Ecuador fue la independencia de Guayaquil en 1820 y no el cabildo de Quito de 1809, y así sucesivamente en los diferentes países de América.

Por supuesto en plata blanca la independencia la empezaron a ejercer éstos pueblos de manera real después de las gestas de Bolívar, San Martín, Iturbide y los otros próceres que derrotaron a los ejércitos españoles de reconquista de 1819 a 1826 aproximadamente y que rompieron de manera efectiva todo vinculo de vasallaje con la monarquía española. De todas maneras sea cual fuere la fecha que propongan los historiadores el consenso general es que éste año es nuestro bicentenario y en asuntos de independencia dicen esas actas que el pueblo es soberano.

Y mientras que la mayoría de los países de América se preparan a vestirse de pasado para sacar pecho con la celebración, desempolvando imágenes de la expedición botánica, retratos de próceres, proclamas de Bolívar o cartas de Nariño, el extraordinario embajador español del bicentenario Don Felipe González el conocido ex mandatario del PSOE propone dejar de mirar al pasado y aprovechar la coyuntura nacionalista para mirar al futuro, hablando de integración regional, económica y comercial, y tomando como ejemplo a India, China e inclusive al mismo Brasil que le han sabido sacar enorme provecho a la globalización.

Creo que no estaría mal seguir el consejo de don Felipe porque una mirada rápida al pasado de estos doscientos años solamente nos deja el espectro de unas guerras continuas con apenas unos intermitentes momentos de paz; una sociedad fragmentada y profundamente dividida, un sector dominante al que solamente le faltan títulos nobiliarios para gobernar “por la gracia de Dios”, unos recursos naturales regalados y arrasados desde que Bolívar tuvo que pagar a Inglaterra sus guerras de independencia con minas de oro; un desarrollo intelectual doblegado al pensamiento extranjero aún en contra de nuestras propias necesidades y un afán casi enfermizo de estar dependiendo siempre de otras potencias entre otros imperdonables errores históricos que desdicen el enorme esfuerzo de nuestros próceres y el sacrificio de nuestros mártires.

Solamente nos queda entonces mirar al futuro para tratar de completar nuestra independencia ideológica, económica, social y política y hacer de éste pedazo de tierra un sitio apto para todos.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Una historia haitiana...

Un terremoto con 150.000 víctimas hizo que el mundo se acordara de Haití. Se acordara que queda en La Española, una isla que descubrió Colón en su viaje a América, que su vecino es República Dominicana un paraíso turístico, que es el pueblo más pobre del mundo y que aún así varias potencias lo han invadido para quitarles algo que los Haitianos deben tener y que aún no han descubierto. El mundo se acordó que mientras Inglaterra, Francia, Holanda y otras naciones civilizadas consideraban, amparados hasta en la Biblia, que la esclavitud era buena y necesaria para la civilización, los alevosos mulatos y negros de Haití fueron los primeros en abolirla. Se acordaron que la libertad americana se financió en parte con el dinero de esos negros.

Se acordaron que un incendio legendario quemó para siempre de manera irreparable buena parte de su capa vegetal y que sus escuálidas tropas derrotaron al pretensioso ejército del entonces invicto Napoleón Bonaparte.

Se acordaron, en síntesis, que ese olvidado y expoliado pueblo muerto de hambre, lleno de negros que hablan francés y creole, que tienen una religión propia mezcla de Roma y de África, queda allí no más en la mitad del Caribe. Sus vecinos de Norte América se acordaron de pronto que los pisos de Manhattan están limpios gracias a los haitianos que allí viven y que el jugo de naranja que se toman todas las mañanas lo cosechan y procesan los miles de haitianos de la Florida que incluso tienen un barrio de Miami que se llama “La pequeña Haití” pero que se han negado siempre a hacerles una política seria de inmigración. Se acordaron que llevan doscientos años tratando de invadir ese impronunciable paisito llamado por ellos Jeiri pero que esos desordenados negros los han hecho salir del país.

El mundo se acuerda ahora de Haití y como soy parte del mundo también tengo algo que recordar ahora. Algo había guardado en aquella enciclopedia personal de datos inútiles: Haití es el paraíso del maravilloso arte naif.

El arte naif, del francés “ingenuo”, surgió como concepto en los pinceles de un pequeño grupo de artistas franceses del siglo XIX siendo el más conocido de ellos Henri “el aduanero” Rousseau. Esa pintura caracterizada por su ingenua espontaneidad, mezcla de intuición, colores fuertes y autodidactismo que se desprende de toda teoría y academicismo es la fuente primaria de la gran mayoría de los movimientos artísticos del siglo veinte. Sin entender el naif, Picasso, Matisse y hasta Botero no tendrían sentido.

A mediados de los años veinte la familia Nader llegó a Haití huyendo del Líbano y sus problemas políticos y religiosos. Estableció sus negocios en la isla y en la década de los cincuenta George Nader descubrió que el incipiente turismo buscaba como suvenir el arte naif que se hacía en todas partes, pues allí abunda el talento, sobra el tiempo y cualquiera cambia un cuadro por un plato de comida. Contactó pintores, les dio materiales y creó un negocio que lo hizo multimillonario. Pagados a uno, dos y hasta cinco y diez dólares compró y compró ese arte naif lleno de felicidad que terminó vendiendo en América y Europa hasta que lo cotizó en miles de dólares y lo puso de moda en el mundo.

Con su fortuna construyó una casa de treintaicinco habitaciones, la lleno con 12.000 obras de arte haitiano, la volvió un museo en agradecimiento al innato talento local y el día que el mundo se acordó que Haití quedaba en la mitad del Caribe en pocos segundos vio como toda su colección, una pierna y una gran parte de su fortuna quedaban sepultadas bajo las ruinas de su museo.

No sé cuántos de esos pintores naif murieron en la tragedia ni si les queden ganas de pintar como siempre temas alegres en el anonimato, mucho menos ahora que el mundo se acordó de Haití y que para recordárselos llegan veinte mil soldados del premio nobel de paz a poner orden.

Darío Ortiz

Tiro de gracia

El complejo ejercicio de la medicina en Colombia ha logrado que por ésta época muchos médicos recién graduados estén preparando sus exámenes para poder especializarse o ejercer su profesión dignamente en otros países. Las mejores condiciones del ejercicio de la medicina en Europa, en Norteamérica e incluso en algunos países latinos están promocionando un éxodo que seguramente se agravará con los recién sancionados Decretos de la “Emergencia Social” que incluyen grandes trabas para acceder a especialistas y una fuerte restricción al ejercicio profesional al limitar las posibilidades del médico de recetar medicamentos, tratamientos, exámenes y procedimientos.

Especializaciones pagadas en vez de cobradas como en Colombia, ingresos acorde con las responsabilidades y exigencias académicas de la que es la más larga de las carreras, en vez de las inhóspitas tarifas de la medicina preparada que obliga a ver mediocremente centenares de pacientes al mes son ya de por sí motivación excelente para que muchos jóvenes traten de probar fortuna en otras partes.

Mientras que los expertos en el tema esperaban una profunda reforma a la Ley 100, el gobierno, y tal vez porque el actual presidente fue el ponente de dicha ley en 1993, prefirió hacer casi dos decenas de cuestionados y cuestionables decretos que al parecer van a complicar un poco más si se puede el tema de la salud en Colombia.

Aparte del empeoramiento del ejercicio de la medicina lo que queda de manifiesto en esos decretos es que la atención médica será de quien sea capaz de pagarlas como lo es en Colombia la educación, la comida, la tierra, la vivienda etc. Nadie, ni el estado, ni las aseguradoras querían asumir la responsabilidad de las enfermedades costosas o catastróficas y el gobierno, protegiéndose y protegiendo el negocio de las EPS, lo ha definido claramente: las paga la víctima o su familia que quedará con las deudas al morir el enfermo.

Como era hace unas décadas las enfermedades catastróficas dejarán a las familias en la calle y si el paciente se salva quedará sin pensión ni cesantía. ¡Vaya decretos que hasta nuevos impuestos proponen! Cuando parte de la culpa del déficit fiscal lo tiene aquella ley 100 que su autor se negó a cambiar.

Al pensar en éstos temas de los enfermos pagando sus tratamientos hay que recordar el afán que tiene el gobierno que Estado Unidos le apruebe el TLC donde se protege a los laboratorios americanos de las baratas y nacionales drogas genéricas lo que haría incluso un poco más onerosa, si se puede, el costo de la enfermedades.

Probablemente los decretos, además de la excusa del déficit fiscal, ocultan de pronto realidades de fondo como el aumento de los casos de sida y de cáncer que de seguir creciendo en el mismo ritmo se volverían impagables en cualquier sistema y cuya culpa no pocos conocedores argumentan que se debe a falta de prevención estatal.

Ya que el evidente retroceso jurídico que esos decretos anti tutela conllevan solamente es comparable con la iniciativa de cadena perpetua para los violadores, tal vez ahora sea el momento de empezar a reunir firmas para hacer una iniciativa constitucional que nos permita aplicarnos una eutanasia inmediatamente nos confirmen el diagnostico de una enfermedad catastrófica y antes de arruinarnos y arruinar a los deudos en beneficio del sistema, o para que el gobierno nos colabore con darnos un económico tiro de gracia como el que le acaban de dar a nuestro ya precario sistema de salud.

Darío Ortiz

Respuesta a un columnista



Carta enviada por Juan Mario Laserna a proposito de la columna "Los buitres del Tolima" publicada en El Nuevo Día



Señor Director



Por medio de la presente me permito referirme y responder, en lo que a mí concierne, al artículo de opinión del señor Darío Ortiz llamado “Los Buitres del Tolima”, aparecido en su prestigioso diario en la edición de hoy 20 de enero del 2010.


En primer lugar quiero referirme a la acusación de no haber ayudado a mi hermana Julia Laserna siendo ella directora del Museo de Arte del Tolima. Precisamente por ser ella directora del Museo yo, al ser funcionario público, estaba inhabilitado para ayudar en tan excelentísimo esfuerzo. Justamente uno de los principios básicos del derecho administrativo, y prohibición de orden constitucional, es el de impedir y limitar a los servidores públicos influencias, apoyos y transacciones cuándo existe consanguinidad. Esto se llama nepotismo y en respeto a dicha norma me abstuve de cualquier influencia en dicha gestión.


En segundo lugar, y en lo que se refiere a mi vinculación con el Tolima, quiero decir que la primera vez que empecé a trabajar en mi departamento fue manejando una ganadería en el año 1986, hace 24 años. Después de eso he sembrado solo y en compañía algodón, sorgo, arroz y maíz y hace tres años adelanto un proyecto de siembra de uva y producción de vino tropical pues me atrae que requiere mano de obra intensiva.


También fui el inversionista de riesgo del Centro de Logística del Tolima, en Buenos Aires. Y decidí tomar este riesgo, dado mi alto e indeclinable compromiso con el departamento, cuándo el país enfrentaba una de sus peores recesiones. Hoy, Dios mediante, va a ser el mayor generador de empleo de la ciudad en los últimos 20 años.


Como viceministro de Hacienda, encargado del sector descentralizado por Juan Camilo Restrepo, trabajé en conjunto con la doctora Ana Lucía Villa de la DAF, en la restructuración financiera de Ibagué y varios municipios del Tolima que estaban quebrados. Desde entonces en ese programa se han reestructurado doce municipios del departamento. También en dicho cargo trabajé con muchos alcaldes en muchos proyectos de desarrollo para el Tolima.


Usted tiene razón en decir que uno hace un llamado a sus orígenes y a su trayectoria al presentar su nombre al elector primario. Quiero representar al Tolima porque me siento profundamente y orgullosamente Tolimense. Es irónico, pero hace 40 años mí papá, con el mismo sentimiento de amor y entrega a su departamento, se presentó como candidato al Senado y fue atacado con argumentos similares, que por provenir de una familia de empresarios, no le iba a responder al pueblo y a las comunidades.
Hoy 40 años después, los que representaban a los “patilimpios” y que ganaron esas elecciones, no tienen inversiones significativas en el Tolima, mientras mi familia, que lleva más de 100 años en el departamento, sigue liderando en forma honesta, comprometida y decidida varios procesos productivos y de generación de empleo.


Yo sé que el señor Ortiz no tiene por qué saber estas cosas pues son casi de índole personal. Pero le agradecería que tenga en cuenta estos argumentos ya que de resultas de su columna algún comentarista en la edición digital invita a votar en blanco. Esto es invitar a que el Tolima siga acéfalo y sin un liderazgo comprometido con la región, y me parece injusto y desacertado con quienes venimos haciendo un trabajo serio y con proyección hacia el futuro, y que creemos en un Tolima fuente de desarrollo, empleo y progreso,


Del señor Director muy atentamente,



Juan Mario Laserna




Respuesta a la carta de Juan Mario Laserna publicada también en el Nuevo Día



Sobre la historia del Museo y la falta de apoyo a su hermana Julia, creo que nada tenía que ver que fuera en aquella época un funcionario público porque nunca esperamos de él nada ilegal, más bien es una ejemplo de que en la misma medida habrá muchos momentos cuando vuelva a ser funcionario que el Tolima necesitará su apoyo y que se amparará en argumentos similares para no darlo. En la política y en el poder una palabra basta para que las cosas fluyan. A diferencia de su Padre, ni un consejo, ni una luz nos dio en aquellas horas aciagas, ni siquiera aportó nada de su propio peculio si es que altas leyes constitucionales impedían coger un teléfono o dar una recomendación o una palmadita en la espalda. Del nepotismo a la generosidad hay un océano de distancia.


Por supuesto no conocía algunos de los pormenores de sus negocios personales. Aunque estoy seguro que en todos ellos espera tener jugosas ganancias ya que me permito dudar de que exponga su dinero únicamente por su altruista afán de dar trabajo. De todas formas creo que hacer negocios en el Tolima no lo hace conocedor de la problemática social del departamento.


Por supuesto no me interesa convertir mis opiniones un problema personal y mañana, como es apenas lógico, el artículo que escribí habrá envejecido tan rápido como una mariposa. Las palabras serán olvidadas por los lectores y darán paso a otras nuevas palabras sobre otros temas. Mientras eso ocurre llegará el momento en que Juan Mario Laserna podrá posiblemente demostrar con hechos en el senado lo que ahora solamente son palabras de candidato y que ojalá nos permitan decir con orgullo que a Juan Mario le fue bien porque al Tolima le fue mejor.


En artículos como ese lo que más quisiera como columnista es estar equivocado y que en los próximos años la pirinola política caiga en “todos ponen” en vez del habitual “todos sacan” que ya tiene al Tolima triste, famélico y cada vez menos importante en el contexto nacional.


D.

Los buitres del Tolima

La representación tolimense al senado de la república es un cadáver insepulto. Un cuerpo informe de míticas figuras en proceso de descomposición o más bien, en proceso de extinción gracias a sus muchos procesos penales.

Luego de la debacle que eso ha significado para el Tolima, luego de ese imperdonable error histórico, se pensó de manera optimista que las circunstancias iban a permitir un necesario relevo generacional o el nacimiento de un nuevo liderazgo regional que cambiara para siempre la manera como se hace política en el Tolima. Pero nada de eso a sucedido.

Y mientras Mauricio Jaramillo y Luís Humberto Gómez Gallo cansados de darse madera en el congreso en detrimento del Tolima ahora sueñan con enfrentarse en la candidatura por la gobernación: manadas de buitres jóvenes y viejos tratan de acabar con los restos del cadáver insepulto de nuestra representación al congreso. Viniendo de departamentos vecinos o lejanos sobrevuelan nuestro huérfano cuerpo electoral tratando de arrancar hasta el último jirón de votos que puedan encontrar sobre nuestro suelo para luego retornar a las lejanas alturas donde viven y donde esperan eructárselos a sus crías.

Viejos senadores (porque no quiero ofenderlos llamándolos buitres) como Camilo Sánchez del partido liberal, Hernán Andrade conservador o Manuel Virquez de Mira, que aunque han obtenido nuestros votos nunca han movido un dedo por el Tolima, se disputan el vacío de liderazgo regional con viejos políticos como Carlos Romero del Polo, Leonor Serrano de Cambio Radical o viejos periodistas como Edgar Artunduaga junto a nuevos tolimenses que acaban de acordarse que tienen ancestros pijaos que justifiquen el expolio como Juan Mario Laserna del partido conservador o el ex ministro Juan Lozano del partido de la U.

Hasta Camilo Romero de un grupo llamado “vamos independientes al senado” está tratando de pescar en éste río revuelto.

Tiemblo de solo pensar en las cifras de vivienda de interés social que el neo-tolimense Juan Lozano le dio al Tolima en su ministerio en comparación con otras regiones del país o de los anti-ecológicos permisos de explotación minera que otorgó en nuestro suelo sin importarle un pito nuestro intoxicado futuro. Tiemblo de recordar la poca ayuda que Juan Mario le dio a su hermana Julia Laserna cuando se estrenaba como directora del Museo de Arte del Tolima y no había ni con qué pagar los servicios mientras él disfrutaba puestos de inmenso poder económico.

Tiemblo por todos ellos, que sin importar que los logros de sus gestiones anteriores hayan sido pirricos para la región, creen que se ven como tolimenses orgullosos bebiendo aguardiente taparoja y hablándole a la prensa del potencial natural de nuestra tierra. Aunque todos sabemos que el único dinero que el Tolima le ve a éstos políticos de rapiña es el que gastan cada cuatro años en sus campañas y el que dejan al alquilar sus sedes políticas.

En su única y feliz oportunidad de hacer una renovación política, el Tolima va a tener pocos candidatos reales al senado y algunos como Guillermo Santos, ya comienzan cojos sus campañas pues recordemos que lo único destacado en su pobre desempeño en el congreso es la acusación de plagio (mezcla de robo a la propiedad intelectual y fraude) que le hicieron por un proyecto de ley dizque para frenar la corrupción.

Ante todos estos buitres del Tolima solamente nos queda la esperanza de que algo nuevo surja en la Cámara de Representantes cuya tragedia seguramente será motivo de otra diatriba.

Darío Ortiz

jueves, 17 de diciembre de 2009

Encuesta sobre arte colombiano

Acaban de salir los resultados de la encuesta del periódico virtual Museo Arte Erótico Americano MaReA y Con-Fabulación Periódico Virtual que buscaba elegir los artistas colombianos de la memoria con el texto: “Entre 439 listas enviadas por los más sobresalientes artistas, intelectuales, críticos, escritores y hedonistas colombianos elegimos los 50 creadores que más obsesionan a nuestros confabulados. Aquí están pues, los 50 imprescindibles, los elegidos: el ejército sublime.


1) Alejandro Obregón: 252
2) Luis Caballero: 221
3) Fernando Botero: 196
4) Débora Arango: 142
5) Edgar Negret: 125
6) Armando Villegas: 119
7) Ángel Loochkartt: 109
8) Jim Amaral: 101
9) Leonel Góngora: 99
10) Juan Antonio Roda: 92
11) Eduardo Ramírez Villamizar: 90
12) Andrés de Santa María: 85
13) Epifanio Garay: 83
14) David Manzur: 82
15) Enrique Grau: 81
16) Darío Morales: 80
17) Omar Rayo: 76
18) Rodrigo Arenas Betancourt: 75
19) Carlos Granada: 68
20) Guillermo Wiedemann: 67
21) Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos: 65
22) Pedro Nel Gómez: 65
23) Pedro Alcántara Herrán: 58
24) Gonzalo Ariza: 52
25) Fernando Maldonado: 47
26) Doris Salcedo: 46
27) Ignacio Gómez Jaramillo: 42
28) Ricardo Acevedo Bernal: 42
29) Santiago Cárdenas: 41
30) Augusto Rendón: 40
31) Feliza Bursztyn: 39
32) Juan Cárdenas: 37
33) Heriberto Cogollo: 36
34) Darío Ortiz: 34
35) Carlos Rojas: 33
36) Oscar Muñoz: 31
37) Olga de Amaral: 30
38) Bernardo Salcedo: 29
39) Lucy Tejada: 28
40) Germán Londoño: 27
41) Lorenzo Jaramillo: 26
42) Miguel Ángel Rojas: 26
43) Rómulo Rozo: 25
44) Alfredo Araújo Santoyo: 23
45) María Teresa Hincapié: 22
46) Eduardo Esparza: 21
47) Álvaro Barrios: 20
48) Manuel Hernández: 19
49) Jesús María Zamora: 18
50) Nicolás de la Hoz: 17

Con numerosa votación pero sin alcanzar el umbral necesario para estar entre los elegidos quedaron los artistas: Gregorio Cuartas, Manolo Colmenares, José María Espinoza, Leonel Estrada, Norman Mejía, Luciano Jaramillo, Augusto Rivera, Carlos Correa, Luís Alberto Acuña, Roberto Pizano, Jorge Mantilla Caballero, Leo Matiz, Umberto Giangrandi, Ricardo Borrero Álvarez, Darío Jiménez, Carlos Salas, Nadín Ospina, Alipio Jaramillo, Luis Luna, José Antonio Suárez, Antonio Samudio, Gastón Bettelli, Dioscórides, Gilberto Cerón, Hernán Díaz, Cecilia Porras, Edilberto Sierra e Iván Rickenmann…”

http://con-fabulacion.blogspot.com/2007/08/los-50-elegidos-resultados-de-la.html

jueves, 10 de diciembre de 2009

La ley es un perro...

Con inusual eficacia la policía nacional encontró y capturó al ya famoso Nicolás Castro, cuyo mayor error en la vida fue hacer público su odio a la familia presidencial por medio de la red de Facebook. Con la imparcialidad que los caracteriza los duros de la legalidad ya aseguraron que el joven estudiante de Bellas Artes es culpable de incitar a delinquir y lo elevaron de la categoría de estudiante a terrorista por buscar páginas de Google.
En los anales de la estupidez humana lo que ha hecho el joven estudiante de bellas artes es una obra de arte. Un súmmum de exquisitos equívocos que hacen de su historia un hecho sin par como lo es toda obra maestra. Hacer una página de amenazas desde los computadores familiares, inscribirse en ella con nombre propio poniendo sus opiniones personales, dejar una confesión escrita en el messenger de una buena amiga confesando su delito, sus intenciones y su seudónimo, pero sobre todo dar sus opiniones en contra de la todopoderosa familia Uribe, que parece que no soporta ni las críticas de la corte suprema de justicia, llegan a un nivel difícilmente alcanzado por el más torpe terrorista musulmán.
Contrario a este seudo terrorista de opereta que deja más rastros que pulgarcito sorprende la eficacia de nuestras redes de inteligencia. No solo por la rapidez con la que hallaron al culpable y recolectaron la totalidad de las pruebas en su contra sino sobre todo por la facilidad con que lograron separar la paja del heno, el grano de café del ripio de la cascarilla. Porque en facebook y en las otras redes sociales hay cientos de páginas de colombianos que incitan a matar pero la inteligencia de la policía supo reconocer rápidamente cual era la que verdaderamente atentaba contra la vida y honra de algún ciudadano colombiano cuyo deber de esa institución es proteger según dice la constitución, - si es que el papá de Jerónimo aun no ha mandado cambiar esa parte-.
Decenas de páginas amenazan con matar, quemar, bombardear, masacrar o espichar a Piedad Cordoba, Gustavo Petro, o al presidente Hugo Chavez que junto con la familia Uribe son los Best Sellers del odio cibernauta. Por lo menos tres de ellas quieren matar a Uribe y en alguna inclusive el que la hace se ofrece de sicario y pide apoyo para poderlo hacer. Sin embargo la sijin supo distinguir la del verdadero criminal: la del peligroso vegetariano estudiante de bellas artes, adicto a la defensa de los animales, autodenominado “Cuervo del Salado” y a quienes sus padres llaman en clave “Nico”.
Ante esa exactitud y eficacia de la Policía puede parecer curioso sin embargo que las denuncias de la senadora Piedad Córdoba sobre sus amenazas, o las del periodista Daniel Coronel, - que dicen que salieron de un computador de un amigo cercano al presidente-, entre muchas otras de personajes públicos, no hayan terminado en investigaciones policiales y mucho menos en publicitados arrestos. Como tampoco tiene la policía capturado el primer ciber-enemigo de los Emos aunque haya páginas de Facebook que califican como deporte matar Emos y que ya tengamos Emos muertos a manos de sus tribus rivales.
Esa eficacia de las instituciones policiales contrasta en un país con tantos miles de crímenes sin culpables, con tantas pruebas y expedientes perdidos de los juzgados, con las mil denuncias de falsos positivos sin resolver. Con tantas denuncias periodísticas al ejecutivo y a las personas cercanas al presidente sin investigar.
En un país donde la fiscalía ha tumbado tantas puertas para hacer cumplir la ley y no pudo abrir la puerta de la oficina del DAS donde estaban las pruebas de las chuzadas a la oposición porque no encontraron la llave el día del allanamiento.
En un país así esta claro que la ley ya no es un perro que solamente muerde a los que tienen ruana como decía Mosquera hace dos siglos. Ahora la ley es un perro que solamente muerde a los que a los Uribe se les da la gana.
Darío Ortiz

Pariódico El Nuevo Día. jueves 10 2009

viernes, 4 de diciembre de 2009

Hitos de la escultura en la historia del arte colombiano

Texto publicado en el libro "la escultura en Colombia" de Art Editions, Bogotá noviembre 2009

Varias veces se ha escrito que Colombia es un país de pintores; de pintores y poetas. Sin embargo al introducirnos en la investigación de nuestro pasado nos encontramos con una Colombia de escultores, ya que muchos de los hechos fundamentales de nuestra historia del arte fueron realizados en obras tridimensionales. Obras que han marcado pautas, han iniciado movimientos, definido estilos y épocas cincelando páginas de lujo de nuestra plástica.

La lista de todos los momentos estelares de la escultura en el arte colombiano excederían por mucho los límites de éste pequeño texto, pero basta seleccionar algunos de ellos para darnos cuenta del valioso aporte que los escultores le han dado al desarrollo de nuestro arte.

Entre éstos hechos sobresalientes nos encontramos con que las piezas prehispánicas más importantes en Colombia son las esculturas en cerámica de la cultura Tumaco-La Tolita, las estatuas de la cultura San Agustín y las esculturas orfebres de los Muiscas y Quimbayas que superan por mucho la pictografía y el desarrollo arquitectónico y textil aborigen.

Las piezas de la cultura Tumaco, que van más allá de las obras rituales y de uso y de las habituales representaciones antropomorfas esquematizadas tan comunes en las culturas precolombinas, son en tal grado un retrato detallado y hábil del pueblo que los hizo que incluso los antropólogos han podido encontrar representados rasgos claros de enanismo, deformaciones craneanas o labio leporino.

Durante casi cinco décadas se han escrito halagos y todo tipo de especulaciones acerca de una de las obras más singulares de todo el Barroco Hispanoamericano “San Joaquín y la Virgen niña” esculpida en Santa fe a mediados del siglo XVIII por el Andaluz Pedro Laboria quien dejó en muchas iglesias y conventos neogranadinos testimonios claros de su ingenio. Dicha pieza - actualmente propiedad de Museo Colonial - se ha alzado con la fama de ser la única representación en su tiempo de la Virgen María niña bailando con su padre San Joaquín. Aunque estudios más recientes sugieren que es el padre enseñándole a leer a su hija en una pose poco habitual, tratando con ello de explicar lo que de otra manera sería un desliz muy latino, el cambiar los libros por el baile.

Hacia 1933 fallecía en París, en su casa de Rue de la Clef, el que posiblemente ha sido el artista colombiano más premiado en los salones de París, el escultor antioqueño Marco Tobón Mejia: mención de honor en el Salón de artistas franceses de 1912, medalla de bronce en el mismo salón en 1922 y medalla de plata cinco años más tarde; condecorado en 1928 con el cordón de la legión de Honor creado por Napoleón en 1802. Amigo personal de los tres grandes escultores franceses de comienzos de siglo XX, Aristide Maillol, Antonio Bourdelle y Augusto Rodin, tuvo además el privilegio de ser el primer artista colombiano en colocar una estatua suya en una plaza de la capital francesa, el mármol “Solitude Douloureuse”, y de ser el primero en ver sus obras fundidas por la Casa de la Moneda de París; honores que solamente logró igualar casi setenta años más tarde Fernando Botero en 1992.

Sin embargo, pese a los logros de Tobón Mejia y a sus indudables virtudes le correspondió a un Bogotano, - que también vivió en París en los años veinte y que más que amigo de Bourdelle fue su hermano, - partir en dos la historia del arte Colombiano en 1929 gracias a la fama lograda por una sola de sus piezas. Rómulo Rozo (hermano masón de Bourdelle y patrocinado por el también masón Eduardo Santos) había llegado a París en 1925 después de pasar un tiempo estudiando en Madrid, es quien, con una extraña y críptica escultura llamada Bachué, da origen a la primera revolución artística que tuvo Colombia en el siglo pasado. Dicha obra inspira a un grupo de jóvenes estudiantes de la Universidad Nacional, alumnos entre otros del escultor español Ramón Barba, a tomar el nombre de esa escultura de Rozo como símbolo de su movimiento, motivados por el muralismo mexicano que proponía un arte más cercano a la tradición estética y cultural americana que europea, apegados además al nacionalismo costumbrista español.

Dicha estatua era parte del programa escultórico contratado a Romulo Rozo para decorar la casa del pabellón colombiano en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1928. La casa construida en estilo historicista por el arquitecto español José Granados, quien desde el diseño había intentado una fusión entre el estilo colonial y los decorados precolombinos, contaba con una treintena de piezas escultóricas realizadas por Rozo en la cual La Bachué era parte de la fuente que decoraba el patio central.

La mezcla de mujer y serpiente de Rozo mereció en dicha exposición medalla de oro, pero eso no parece que fuera mérito alguno pues su amigos escultores Gustavo Arcila Uribe con un retrato y José Domingo Rodríguez, con otra mujer envuelta en una serpiente, ganaron también medalla de oro. Así como Borrero Álvarez, Domingo Moreno Otero, Miguel Díaz Vargas y algunos más.

Después del éxito de esas obras llenas de simbologías masónicas en comunión con mitos precolombinos Rómulo Rozo se va a Méjico donde terminaría haciendo su obra máxima “El monumento a la patria” una descomunal realización en piedra tallada en la que colaboraría entre otros artistas el joven Rodrigo Arenas Betancourt.

Hena Rodríguez, Josefina Albaracín, Luis Alberto Acuña, otro alumno de Bourdelle y el tolimense Julio Fajardo, varias veces premiado en los salones nacionales, fueron algunos de los escultores influenciados por la estética Bachué.

Por supuesto si los Bachué fueron la primera revolución en la plástica colombiana del siglo XX la segunda revolución veinte años más tarde fue contra ellos. En 1949 los profesores Bachué de la facultad de bellas artes fueron cambiados bajo la dirección de Alejandro Obregón, a fin de enseñar y fomentar un arte más acorde con las vanguardias internacionales; permitiendo el surgimiento de la primera generación de artistas abstractos colombianos: Marco Ospina, quien hace su individual no-figurativa en 1949, y el escultor Eduardo Ramírez Villamizar quien muestra su obra abstracta en la Biblioteca Nacional en 1952 entre otros.

Ramírez Villamizar venía participando en diferentes colectivas con Edgar Negret desde una exposición en la Universidad del Cauca en 1947 sin embargo, ambos artistas, el primero en Bogotá y el otro en Nueva York llegan a la abstracción por caminos diferentes para convertirse en los dos principales pilares de la escultura moderna en Colombia. Sus obras ampliaron las posibilidades plásticas de la tridimensionalidad. Le aportaron ritmos, materiales, colores y formas que no tenía y, en el caso de Negret, resolvieron dilemas planteados por los constructivistas entre el adentro y el afuera de las piezas.

No es poco decir que Eduardo Ramírez Villamizar fue uno de los primeros pintores abstractos de Colombia y nuestro primer escultor abstracto, como tampoco parece fácil aceptar que Edgar Negret fue el primero en hacer esculturas de aluminio doblado, pintado y ensamblado con tornillos a la vista en la historia de la escultura.

Muchos de los hitos de la historia del arte colombiano ocurrieron en el marco del Salón Nacional de Artistas que se realiza casi sin interrupciones desde la década de los cuarenta. En sus consecutivas versiones al lado de premios y artistas anodinos cuyos nombres nada nos dirían hoy en día, hicieron época artistas como Feliza Bursztyn o Bernardo Salcedo quienes construyeron sus esculturas y máquinas de movimiento con objetos encontrados, chatarra y otras novedades para nuestra siempre conservadora imagen del arte. Hubo quienes como el entonces estudiante de arquitectura Germán Botero, ganaron prestigio con su primera presentación en el Salón, al ganarse el primer premio con su primera escultura o, como el premiado varias veces, Julio Fajardo quien por falta de recursos no pudo retirar del Salón una de sus obras ganadora que terminó destruyéndose a la intemperie.

Pero, al cabo de cinco decenios de exposiciones, cuando los más conocidos estudiosos del arte en Colombia hicieron un balance de lo que había ocurrido, muchos de ellos llegaron a la conclusión que la pieza más importante en la historia de los salones ehabía sido una escultura que dicho sea de paso era la primera obra de realización grupal en un salón y, más importante aún, representó la oficialización del arte conceptual en nuestro país: “Alacena con Zapatos” una obra llena de contenido social y político ganadora en 1978 del primer puesto del Salón Nacional de Artistas realizada por el grupo barranquillero “El Sindicato”.

Al lado de los que solamente han sido escultores han estado también aquellos que han llegado a la tridimensionalidad desde el mundo de la pintura como Tobón Mejía que dejó el color al comprender que padecía un daltonismo severo o Ramírez Villamizar que decidió que su búsqueda no era de matices sino de volúmenes y planos. Sin embargo, hay quienes sabiéndose pintores han tratado de ampliar su mundo expresivo con la forma y eso lo vemos desde el pie en yeso que asoma del mural de Epifanio Garay en su San Juan Evangelista de la Pechina de la Catedral, a los bocetos que Acevedo Bernal mandara a Italia para que le modelaran las estatuas que necesitaba para terminar la iglesia del Voto Nacional obra en la que él fue el arquitecto, hizo el diseño interior, construyó la cúpula, diseño las estatuas y pinto el enorme ciclo sobre la vida de Jesús. Pero, en este sentido, dos grandes ejemplos de escultores hay en nuestro mundo de la pintura que vale la pena mencionar: el de Francisco Antonio Cano y el de Fernando Botero.

Aunque la primera noticia pública que tenemos de él fue la medalla de oro que se ganó por un busto del libertador que talló antes de cumplir los 20 años, Francisco Antonio Cano hizo una brillante carrera como pintor y dibujante con la que pudo conseguir una beca para terminar estudiando escultura en la Academia Colarossi de París. A su regreso a Medellín y luego en Bogotá, alternó la pintura con la elaboración de bustos y retratos en escultura al punto que se ganó por concurso varios contratos para hacer estatuas y monumentos públicos como el Rafael Nuñez del Congreso Nacional; hasta que realizó en 1920 la que a la postre sería su escultura de más largo aliento, la compleja fuente del Parque de la Independencia en Bogotá que sucumbió muy rápidamente a los cincelazos de los discípulos urbanistas de Le Corbusier quienes la demolieron para pasar por ahí una avenida.

Por otra parte la voluptuosidad, la sensualidad y los valores táctiles que Fernando Botero buscó en su pintura desde los años cincuenta los encuentra y desarrolla plenamente en sus esculturas a finales de los setenta. Y son precisamente sus esculturas las que le permiten hacer las más grandiosas e imponentes exposiciones que haya realizado hasta ahora un artista Colombiano en el extranjero a partir de su exhibición en el Forte Belvedere de Florencia en 1991, seguida de la muy promocionada muestra en los Campos Eliseos de París y del Palacio de los Papas en Avignon, de las cuales saca unas famosas monedas conmemorativas la casa de la Moneda de París. Las grandes exposiciones de Escultura de Botero han dado desde entonces la vuelta al mundo varias veces dejando muchas de esas obras en sitios privilegiados de las grandes ciudades.

Finalmente el más reciente suceso para la historia de la escultura colombiana lo produce una mujer cuyas obras políticas han criticado la violencia y la discriminación llegaron a la sala de turbinas de la prestigiosa Tate Modern londinense, uno de los grandes templos del arte contemporáneo. "Shibboleth”, 167 metros de grieta excavada en el suelo de la galería, con un costo asombroso y el patrocinio de la multinacional Unilever - paradójicamente con escándalos de violencia y discriminación en medio mundo-, han puesto a Doris Salcedo a la altura del contexto internacional del arte anglosajón.

Como es fácil apreciar en éste sencillo ejercicio de memoria de tan pocas cuartillas, el camino de la escultura Colombiana ha sido largo y fructífero, lleno de nombres y obras.

Y vemos qué, sin importar la ausencia de museos dedicados exclusivamente a la historia de la escultura o a sus múltiples manifestaciones, y aunque no tengamos parques, bulevares, avenidas, simposios o concursos anuales dedicados a la escultura, ni el patrocinio para la elaboración de grandes monumentos escultóricos, además de la ausencia de muchas otras cosas que engalanan otras ciudades y otros museos del orbe; el arte en Colombia no podría haber llegado hasta aquí sin el aporte permanente y la lúcida visión estética de los grandes escultores.

Esta claro que en éste país de pintores y escritores según dicen algunos, la historia del arte ha sido un recorrido multicolor narrado por poetas, pero sin duda buena parte de esa historia ha sido forjada en le tiempo por los escultores.

Darío Ortiz

El tableautin: esos curiosos cuadros pequeños

Ensayo publicado en la Revista Mundo No 34 septiembre 2009

I

El tableautin y su presencia en la obra de Borrero Álvarez.

Al estudiar la producción de los pintores colombianos de finales del siglo XIX y comienzos del veinte, nos encontramos con que buena parte de su producción es realizada en pequeños formatos, comúnmente sobre tabla o cartón a excepción hecha de los retratos, los encargos públicos de iglesias y sedes gubernamentales, de algunos de los cuadros preparados para las escasas exposiciones nacionales y de las pinturas de Andrés de Santamaría.

Obras importantes dentro de la historia de nuestra pintura perteneciente a ese periodo como Por las velas el pan y el chocolate de Epifanio Garay o La niña de la columna de Ricardo Acevedo Bernal, fueron realizadas en “modestas dimensiones” como se refirieran a ellas algunos autores. Incluso pintores como Roberto Páramo o Fidolo Alfonso González Camargo ejecutan el grueso de su producción en tablas y cartones de pequeñas proporciones que Carmen Ortega Ricaurte en 1965 todavía califica de “apuntes”[1] y Beatriz González en 1987 de “miniaturas”[2]. El término “miniatura” para calificar las obras de estos dos pintores en el que insiste dicha autora, ya había sido refutado por diferentes escritores, entre ellos Gabriel Giraldo Jaramillo en 1946 en su libro “La miniatura en Colombia” donde inclusive justifica así la no inclusión de Páramo en su libro.

Dos años más tarde del libro de González sobre Roberto Páramo, Eduardo Serrano en su monografía del mismo pintor refuta nuevamente el término de miniatura para calificar las obras de Páramo e inclusive afirma: “si bien Páramo fue quien más consistentemente utilizó el pequeño formato, también Santa María, Llanos, González Camargo, Borrero, Zamora, Núñez Borda, Gómez Campuzano y hasta Tavera y Mena hicieron amplio uso de soportes de tamaño reducido sin que por ello se pueda concluir que se trata de una generación de miniaturistas.”[3]

Sobre el por qué de la elección del “pequeño formato”, el “tamaño reducido”, las “modestas dimensiones” o como se les quiera llamar, se han hecho varias conjeturas dando toda suerte de explicaciones para justificar el extendido uso de los mismos en el periodo que abarca aproximadamente los últimos diez años del siglo XIX y los primeros treinta años del siglo XX. Es este período en el que son activos los pintores arriba citados por Serrano, así como Ricardo Acevedo Bernal, Ricardo Moros Urbina, Roberto Pizano, Francisco Antonio Cano, Pedro Alcántara Quijano, entre otros, todos ellos asiduos practicantes de dicho tipo de realización.

La justificación más frecuente acerca del formato reducido de esos curiosos cuadros pequeños, la dan los diferentes autores al relacionarla con el tema mismo del paisaje popularizado en la pintura Colombiana a partir de la instauración de la cátedra de paisaje en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1894[4] y cuyo auge creció de tal manera que, cinco años más tarde, dicho género mereció una sección aparte en la Exposición de 1899 y, posteriormente, en la Exposición del Centenario de 1910, donde ocupó un amplio y destacado espacio con la presentación de aproximadamente 150 obras.

La pintura de paisajes al natural o “plenairismo”, como se le llama, que se enseñaba desde el comienzo en dicha cátedra y cuya práctica trashumante exigía de caballetes, sillas y de cajas de pinturas portátiles que se terciaban al cuello o se montaban a la espalda a modo de un morral, les pareció a todos los autores una digna razón para justificar la proliferación de los pequeños formatos, ligando dicha práctica a la “Escuela de Barbizon”, llamándolos despectivamente “apuntes del natural” y comparando nuestros autores con pintores como Corot o Boudin.

Claro que dicha explicación no justifica el enorme número de obras del mismo período también de pequeñas dimensiones basadas en la figura humana o en el bodegón y que por su forma de ejecución tampoco podemos decir que son miniaturas, ni podemos llamarlas apuntes por su nivel de acabado o su estudiada composición, porque desde entonces se entendía la definición de apunte como “dibujo tomado rápidamente del natural”. Por otra parte, los verdaderos apuntes, estos estudios del natural, los pintores los han utilizado desde la formación misma de las academias como parte del desarrollo de una obra posterior, ejemplo que encontramos comúnmente en Santiago Páramo, Acevedo Bernal y Francisco Antonio Cano.

Al compilar material fotográfico y documental sobre la pintura de Ricardo Borrero Álvarez, así como sobre su vida y sus particularidades técnicas y de realización, nos encontramos con que el grueso de la obra conocida de Ricardo Borrero Álvarez, corresponde a dichos formatos de reducidas dimensiones pintados sobre tabla en los que solamente en una decena de casos dentro de más de trescientos ejemplos documentados encontramos una relación entre una obra pequeña sobre tabla y una de mayor tamaño sobre lienzo para considerarla un apunte o un boceto para una obra posterior[5]. El tamaño de sus escasas piezas grandes, de todas maneras supera raramente los 73 por 100 centímetros. Lo mismo sucede con las obras de Roberto Páramo sobre cartón y con buena parte de la producción de Jesús María Zamora que éste realizaba sobre cartón o madera.

Numerosas tablas de Borrero que hemos tenido oportunidad de apreciar, tienen incluso los sellos de fabricantes franceses especializados en materiales de arte que corresponden así mismo a marcos importados con los mismos tamaños, no siendo pedazos desechados de muebles ni cartones viejos reutilizados como a veces se quiere sugerir. Igual cosa sucede con el cartón lienzo especialmente fabricado para pintores, tan común en la obra de Páramo. Las medidas de muchos de ellos tienen correspondencia con la tabla estándar de formatos de lienzo del catálogo del colorista Leblanc publicado en 1896[6] como el Nazareno que tiene sellado el número 6 al respaldo correspondiendo en medida al mismo número de la categoría retrato o el paisaje de boquerón cuya dimensión corresponde al número 5 de paisaje horizontal. Recordemos que desde 1850 los formatos estándar incluyen cinco series divididas entre retrato o figura, paisaje y marina.[7]

Todo esto nos lleva a pensar que Ricardo Borrero Álvarez y los pintores de su tiempo al elegir el formato de sus obras, el acabado de las mismas y los materiales, tenían en mente algo que iba más allá del simple placer estético, la ingenuidad, la pobreza o la casualidad. Algo que en Europa terminó convirtiéndose en un género al que llamaron Tableautin.

De Meissonier a Fortuny, el origen y desarrollo del Tableautin.

Cuando Ernst Meissonier (1815-1891), pintor académico francés, comenzó a mediados del siglo XIX a realizar sus “grandes obras” anecdóticas de carácter histórico y militar en lienzos y tablas de pequeñas proporciones y factura preciosista deliberadamente en contra de los formatos monumentales, (habitualmente usados para estos temas), acabó dando origen a un género y a una moda que por sus dimensiones y factura recibió en Francia el nombre de Tableautin (cuadrito)[8]. Esta palabra, más allá del tamaño, corresponde específicamente a escenas de costumbres realizadas con extremo detallismo con pinceles muy finos. En España, los seguidores del tableautin lo bautizaron “pintura de casacón” o “pintura de casacas” haciendo alusión a la vestimenta de los personajes de época en ella retratados.

Parece que el género del Tableautin y el gusto por las escenas militares lo desarrolló Meissonier mientras acompañaba a Napoleón III en la campaña italiana de 1851 en una doble función de reportero gráfico y oficial de campo. Un ojo especialmente dotado para el detalle microscópico, junto a una inusual precisión en el dibujo, le permitieron la creación de obras de singulares características y de fácil transportación en las difíciles circunstancias de una campaña militar.

El éxito comercial acompañado de los altos precios alcanzados rápidamente por Meissonier y la aceptación de este tipo de obra por parte de la nueva burguesía parisina, llevó al marchante Adolphe Goupil a buscar en el pintor español Mariano Fortuny y en sus seguidores continuadores de la obra de Meissonier[9], al punto que hicieron de ella un género independiente.

Mariano Fortuny y Marshal ( 1838-1874) ha sido considerado el más hábil e influyente pintor español del siglo XIX después de Goya. Aunque de humilde extracción económica gracias a la precocidad de su talento y a la belleza de su carácter era un pintor conocido en Roma y Barcelona antes de cumplir los 28 años cuando en el otoño de 1866 fue contactado en París por Adolphe Goupil para que le vendiera tantos tableutines como pudiera hacer y dándole un crédito de 24000 francos anuales. En noviembre del año siguiente y ya como un acomodado y afamando artista, se casa con Cecilia de Madrazo cuyo padre era el influyente director del Museo del Prado, el pintor Federico de Madrazo. En el 68 Goupil le propone una jugosa exclusividad que Mariano acepta a partir del año 69 y ya a comienzos del año 70 dicho marchante vendía una sola de las obras del pintor español en 70.000 francos, logrando con ello que lo más selecto de la juventud artística española e italiana se pusiera tras los pasos de Fortuny y de sus ya populares tableautines.

Fortuny al final de su corta vida, aunque se ha considerado que alcanzó y asumió conciente o inconcientemente el impresionismo, que hacía su primera exposición de grupo en 1874, de acuerdo con su correspondencia rompe con Goupil para poder pintar más libremente a lo “moderno” para poder pintar con toda libertad.[10]

Muerto Fortuny en 1874, cuyo taller era paso obligado para todos los pintores que llegaban a Roma, Goupil y otros conocidos marchantes como el suizo Fool y el italiano Capobianchi, fomentan el Fortunismo al viajar a Madrid, Granada, Sevilla y Roma buscando y contratando artistas que cumplieran con la pintura de género que tanto les pedían de Nueva York, Londres y París bajo los nuevos caminos que le abriera Mariano a la pintura de casacas propuesta por Meissonier; ya que el artista catalán había desarrollado el género al pintar con el tableautin temas orientalistas, escenas urbanas, interiores de iglesias, vistas de patios y paisajes andaluces además de los temas dieciochescos despojándolos aparentemente de consideraciones políticas, teológicas, morales o pedagógicas. Todos esos temas pintados bajo la tutela de la luz real y las nuevas teorías del color que presagiaban los mejores logros lumínicos del impresionismo y del placer de la pintura por la pintura misma.

En ese acercamiento de la pintura a la verosimilitud, a la imagen de lo real, sumado al alejamiento de toda teoría política o moral, surgieron posteriormente a Fortuny, Messonier, y al impresionismo diferentes tendencias y movimientos como el llamado Naturalismo muy en boga en París de 1870 a 1905 e internacionalizado alrededor del mundo a partir de los noventas por su imparto en los jóvenes artistas.[11]

De todas maneras el gusto burgués por los temas dieciochescos y los cuadros de costumbres sobrevivió hasta la tercera década del siglo XX en Zarzuelas como Doña Francisquita (1923) o La Leyenda del Beso (1934) entre muchas otras.

Este uso superficial de la técnica realista para dar verosimilitud a las escenas representadas (objetivismo, luminismo, preciosismo, exactitud de los detalles, instantaneidad), pero sin incurrir en ninguna provocación moral y olvidando aparentemente el compromiso social ya que había que adaptarse a los gustos del mercado, (compuesto por clases medias burguesas), fue llamado en 1956 despreciativamente Realismo Burgués y Realismo de Clase Media por el famoso crítico marxista Georg Lukacs en su ensayo “La ideología del modernismo” .

Goupil & Cie.

Goupil & Cie fue la principal representación de arte en el siglo XIX llegando a tener diez oficinas o sucursales en Berlín, Londres, Nueva York, La Haya, Viena, Australia, Bruselas y tres sedes en París, así como talleres fotográficos y de impresión. La figura más destacada de la firma fue Adolphe Goupil, quien impuso a la clase media Europea el gusto por el tableautin, señalando como dato curioso que también llegó a ser suegro del pintor académico Jean Leon Gerome y jefe de Van Gogh

La firma de Goupil estaba concentrada inicialmente en la compra y venta de grabados hasta que entró a la compañía con un gran capital accionario Vincent van Gogh (1820-1888) tío y padrino del pintor quien fusionó la empresa con su galería de Bruselas y amplió el negocio a las pinturas y dibujos, y desde 1872 a las imágenes producidas industrialmente. Ese mismo año el viejo Vincent se retiró por razones de salud dejando el manejo de su capital accionario a sus sobrinos Vincent y Teo, ya que él no tenía herederos. Vincent, el sobrino mayor, trabajaba en la firma desde 1869 y Teo que entraría un año más tarde trabajaría allí hasta su muerte. Vincent trabajó en las sedes de Londres, la Haya y finalmente París. El capital accionario de los Van Gogh sufrió un gran desequilibrio cuando otro de los socios echó a Vincent en 1876 presionando para que el tío retirara todo su capital de la firma dos años más tarde, dejando el negocio en manos de la familia Goupil quienes lo mantuvieron hasta su venta en 1884. En 1887 sus nuevos propietarios subastaron todo el stock de la galería renovando el nombre y los artistas que representaban.

Es en esos años que el joven Vincent comienza a estudiar arte basado en el curso de dibujo de Charles Bargue corregido por Gerome y publicado por Goupil & Cie, mientras que dicha compañía, con su colaboración, ponían a los pintores de media Europa a trabajar pinturas de casacas, paisajes, interiores de casas y escenas y bodegones en formatos y calidad Tableautin.

Borrero, Moros, Páramo y el Tableautin en Colombia

Seguidores del Fortunismo en Madrid y Roma y expertos fabricantes de tableautin, los españoles Luís de Llanos (1850-1895) y Enrique Recio Gil (1855-1910), profesores de Borrero, Páramo, Zamora, Peña y otros en la Escuela de Bellas Artes, trajeron a Colombia el gusto por ese particular género de pintura que aquí ellos realizaron en los pocos años que estuvieron activos en el país.

Luís de Llanos había plasmado varias copias de Fortuny para el café Iberia antes de ser pensionado en Roma por la diputación de Valladolid en la década del ochenta. En Roma estudió en las noches en la academia Chigi donde seguramente conoció a Enrique Recio quien también había copiado a Fortuny unos años antes. Llanos vino a Colombia como diplomático en 1892[12] y enseñó en la Escuela de Bellas Artes desde 1894 hasta su muerte en 1895, junto a su amigo Recio quien había llegado aquí por invitación de Llanos en el 94 y estuvo en Bogotá hasta 1897, año en el que retorna a Madrid con algún regreso ocasional a Colombia en 1903 para luego morir en Londres en 1910.[13]

La influencia del fortunismo o “realismo burgués” de Recio y Llanos, aunque breve, fue definitiva para el desarrollo de la plástica local y se fortaleció por los viajes de estudio a Europa que por la misma época hicieran un gran número de pintores colombianos: Moros Urbina 1892, Borrero Álvarez 1895, Cano 1898, Zamora 1900 y Acevedo Bernal en 1903.

Ricardo Moros Urbina fue discípulo en Europa de Gerome, el yerno de Goupil y de Luís Jiménez Aranda, ambos practicantes asiduos del Tableautin, cuyo preciosismo se hace evidente en obras de Moros pintadas en Europa como La vuelta del Prado del Museo Nacional. Ricardo Borrero, por su parte, estudia un tiempo en Sevilla, que junto con Granada y Roma eran las mayores canteras de pintores de Tableautin, antes de irse a París e Italia.

Ya para 1899 la influencia del Tableautin de Meissonier y Fortuny es tan notorio en la pintura colombiana que el crítico de arte ALBAR (Jacinto Albaracín) en su folleto de La Exposición Nacional de Bellas Artes de 1899, dice a propósito de la obra de Carlos Valenzuela: "El género de Meissonier en el cuadro Los retratistas de la señorita Casas María C., y hasta el rígido de color y líneas del señor C. Valenzuela en su Prometeo, que revela un ángel caído de Bellver, le es tan parecido en la postura y en las alas del buitre, que se me viene el recuerdo de aquella estatua, si no fuera por el estudio de las carnes satisfactorio, que se toca de escultura por la sequedad del dibujo, aún el de las rocas".[14]

El crítico Gustavo Santos, que frecuentemente mencionó las palabras “vida moderna” y “modernismo” en sus textos, insiste todavía en 1915 en comparar a Roberto Páramo con Meissonier al llamarlo “el Meissonier del paisaje” por hacer “gala de una gran tecnicismo”[15]

En dicha exposición de 1899 Ricardo Moros Urbina con su paisaje italiano Plaza de Anticoli y Ricardo Borrero Álvarez, con Camino de la feria, recién llegados de Europa, comparten el primer premio, Medalla de primera clase, en la categoría de Paisaje.

Aunque sin la presencia de Alphonse Goupil y Vincent Van Gogh el éxito comercial de éste género no se hizo esperar en Colombia, pues al igual que lo sucedido en París décadas atrás, el público lo acogió con avidez como está registrado en la Revista ilustrada de septiembre del mismo año cuando anota: “tenemos conocimiento de que todos los paisajes expuestos fueron vendidos sin regateos por parte de los compradores”[16]

A falta de galerías especializadas, las obras de estos artistas se podían conseguir en diferentes locales comerciales como la librería el Mensajero de los Escobar López que siempre mantenía obras de Borrero o mejor, en los talleres de los artistas, costumbre que todavía no han perdido los compradores colombianos en detrimento de la institucionalización del mercado del arte.

Como anota Serrano en su libro sobre la Escuela de la Sabana, con la aparición del paisaje en pequeño formato se pone de moda en el país la pintura colombiana y “comienza el profesionalismo pictórico en Colombia, dado que por primera vez en nuestro medio sus autores pudieron subsistir, unos mejor que otros por supuesto, con las entradas que proveía su profesión”[17]

En el caso de Borrero, el éxito comercial fue tan notorio que nunca tenía obras terminadas en su taller y muchas veces había clientes esperando que concluyera alguna tablita para colgar en su casa o para regalarla de matrimonio. El sino comercial y la popularidad de éstas obras que luego sería tan criticado por sus detractores, se hace evidente cuando organizan en 1931 la exposición póstuma con cien cuadros y “de todos los hogares bogotanos una mano femenina cariñosa y respetuosa ha descolgado el paisaje mimado del salón de la casa en sitio de preferencia”[18]

En la década de 1890, los profesores europeos de Borrero, Cano, Moros, Zamora y Acevedo están bajo influencia del impresionismo, del realismo y de los dueños de Boussod, Valadon & Cie, successeurs de Goupil & Cie, transformando el historicismo costumbrista y en un naturalismo que refleja “escenas del día”, aún elaborado con soltura y exactitud en los detalles y en formatos preferiblemente inferiores a la medida 73 x 100 cm (equivalente a 40p en la tabla de Leblanc). Naturalismo sin ideologías sociales que, mal llamado impresionismo por los críticos bogotanos de la época, Albar y Sanin Cano entre otros, sería celebrado en Colombia como la primera aparición del espíritu modernista en el país durante la Exposición de la Fiesta de la Instrucción Pública de 1904. Aunque por supuesto la aplicación del color correspondía todavía al luminismo fortunesco de la escuela española que en una carta de Santamaría a Acevedo Bernal de 1912 éste defiende todavía al compararlo con lo que está viendo en Bruselas: “Como usted sabe nuestro arte español tiene otros ideales.[19]

Esa marcada relación con el arte español y con el arte francés e italiano a través de España llevaría a la creación fanática y reaccionaria de un conservadurismo costumbrista de corte académico auspiciado por la fundación del Círculo de Bellas Artes en 1920, del cual se alejaron pintores como Borrero que aunque en deuda con el arte español, no le interesaba ningún tipo de proselitismo ideológico. Esa tendencia a la hispanofilia se convirtió en un elemento ideológico fundamental del conservatismo colombiano como escribe el sociólogo Carlos Uribe Celis (1996) e históricamente ha servido para juzgar de retrógrados a todos los artistas activos en esa década a excepción de Andrés de Santamaría quien para entonces ya estaba en Bruselas. Sin que importe que para entonces Fidolo Gonzales Camargo ya estuviera perdiendo la razón, o que Borrero Álvarez y Páramo estuvieran ya prácticamente alejados de la escena pública.

El paulatino alejamiento de la exactitud en los detalles y demás planteamientos del tableautin a favor de paisajes ejecutados de memoria hicieron que hacia finales de los años 20 las obras de Zamora ya valieran más que las de Borrero, Páramo o los demás apegados aún al naturalismo, como se ve en el catálogo de la exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929;[20]

Paradójicamente, en ésta exposición de Sevilla en la que Borrero ganó medalla de oro, se consolidaría la aparición de nuevas fuerzas vivas de la plástica colombiana que tomarían el nombre de la escultura Bachué de Rómulo Rosso que engalanaba la fuente central del pabellón colombiano y bajo cuyas banderas Luís Alberto Acuña, Ignacio Gómez Jaramillo y Pedro Nel Gómez crearían una revolución que enterraría casi por cinco décadas a todos sus predecesores. El tableautin con su virtuoso naturalismo, su dosis de realismo burgués y con todos sus paisajes modernistas, serían objeto de crítica y desprecio, denigrados por el nuevo realismo social.

Olvidados al punto que aún después del nuevo aire que les daría la exposición “Paisaje 1900-1975” organizada por el Museo de Arte Moderno de Bogotá, todavía se discutía, en los años 80 del siglo pasado, si eran o no modernos, si conocían el impresionismo o si los particulares formatos de esos curiosos cuadros pequeños de tan modestas dimensiones eran miniaturas o bocetos o apuntes del natural para obras posteriores que jamás llegaron a pintarse.



[1] Carmen Ortega Ricaurte, Diccionario de Artistas en Colombia, Litografía Arco, Bogotá 1965, pag 156.

[2] Beatriz González, Roberto Páramo Pintor de la Sabana, Carlos Valencia Editores, Bogotá, 1987, pags 17-22.

[3] Eduardo Serrano, Roberto Páramo paisaje bodegón ciudad, Museo de Arte Moderno de Bogotá, Novus ediciones, Bogotá, 1989, pg 67.

[4] Hay que tener en cuenta, sin embargo, que ya en 1888 un miembro auxiliar de la Escuela de Bellas Artes, don Rafael Pombo, en una sección solemne dice que: “falta así mismo una clase de paisaje , la poesía bucólica del pincel, ramo comparativamente moderno, e indicado como la especialidad del pintor americano sin temor de competencia en el mercado europeo”, haciendo referencia a los paisajes que ya eran comunes en América producidos por los pintores viajeros.

[5] Gustavo Arango Barreneche y Darío Ortiz Robledo, Catálogo general de la obra de Borrero Álvarez, libro en proceso de edición.

[6] Anthea Callen, Técnicas de los Impresionistas, Hermann Blume Ediciones, Madrid, 1983, pag 59

[7] Estos materiales se podían conseguir en diferentes sitios como el Almacén de Novedades Gutiérrez y Bonito ubicado en Bogotá en la calle 12 no 105-109 . E importados de la Kingston fine art society. M Rubet director frame marquers and guilders de Londres o de Cousin Frères fabricante de colores finos de París como se puede leer en los respaldos de las obras.

[8] En varias oportunidades durante 1994 y 1995 oí a Oscar Rodríguez Naranjo referirse a las Tablitas de su maestro Borrero Álvarez, como también a veces se le llama en España a éste tipo de trabajo, sin embargo, la palabra tableautin es un diminutivo del Francés Tableau que significa cuadro.

[9] Juan Carlos Ruiz Sousa, Tableutin y mercado del arte, Claroscuro, en la página web Centro virtual Cervantes del Instituto Cervantes en Asocio con el Museo del Prado, Madrid, 23 de junio de 2009.

[10] Francisco Crespo Giménez, El costumbrismo exótico de Mariano Fortuny, Romanticismo VI, actas del VI congreso, Nápoles 1996. Centro internacional sobre el romanticismo hispánico, Bulzoni, Roma, 1996.

[11] Gabriel P. Weisberg, Beyond Impresionism, the naturalist impulse, Abrams, New York, 1992. pg 107

[12] Habitualmente se han considerado alternativamente el 93 y el 94 como los años de la llegada de Luís de Llanos al país como secretario de la legación española, pero la vista del Río Magdalena en Tamalameque fechado en junio de 1892 publicado en ésta revista dan prueba suficiente de que llegó antes.

[13] Es Ricardo Acevedo Bernal quien escribe por primera vez acerca del regreso de Recio a Europa antes de 1898 en “Enrique Recio y Gil”, Revista Ilustrada, Año I, Vol. I No 4, Bogotá agosto 25 de 1898. Sin embargo hay obras de Recio firmadas en Colombia a comienzos del siglo XX como la que reproducimos en ésta revista fechada en Bogotá 1903 y que muestran un mayor contacto por parte de los artistas colombianos con el maestro español.

[14] Albarracín Jacinto, Albar: Los artistas y sus críticos. Exposición de Bellas Artes 1899. Bogotá 1899

[15] Gustavo Santos, En la exposición de pintura. Revista de Cultura, Bogotá, septiembre de 1915, p 39

[16] La exposición Nacional de Bellas Artes, revista Ilustrada, año I, Vol I, Números 16 y 17, Bogotá, 30 de septiembre de 1899.

[17] Eduardo Serrano, La Escuela de la Sabana, Museo de Arte Moderno de Bogotá, Novas Ediciones, Bogotá 1990, p. 39

[18] “Exposición Borrero Álvarez”, Cromos, Número 366, Bogotá, 11 de agosto de 1923 pg.

[19] Andrés de Santamaría en carta a Ricardo Acevedo Bernal fechada: Bruselas 7 de febrero de 1912. Comprada por Gerardo Azcarate a las hijas de Acevedo. En ella también se lee: “En París el movimiento modernista siempre es el que está de moda, es decir es lo que se vende.”

[20] En dicho catálogo el precio de un Zamora es 2000 pesetas, un cuadro de Borrero la mitad de ese tamaño valía 500 pesetas y un Páramo de la tercera parte del Zamora valía 250 pesetas. Roberto Pizano, catálogo de la representación colombiana en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929. A su vez citado por Eduardo Serrano en Roberto Páramo, Museo de Arte Moderno de Bogotá, Bogotá 1989, pag. 71